Historia y origen
El Welsh Corgi Pembroke es originario del condado de Pembrokeshire, en el suroeste de Gales, donde durante siglos se empleó como perro boyero. Su trabajo era conducir el ganado vacuno: mordía con precisión los jarretes de las reses para guiarlas y, gracias a su escasa altura, esquivaba las coces agachándose. Esa función explica buena parte de su anatomía y de su carácter: un cuerpo bajo y ágil, una mente despierta y una audacia desproporcionada para su tamaño. La palabra «corgi» procede del galés y suele traducirse como «perro enano».
Existen dos razas de corgi galés, el Pembroke y el Cardigan, con orígenes e historias distintas pese a su parecido. Durante un tiempo se exhibieron y cruzaron juntas, pero en 1934 el Kennel Club británico las reconoció oficialmente como razas separadas. El Pembroke, de cuerpo algo más corto, orejas más puntiagudas y tradicionalmente sin cola, es el más conocido de los dos, en buena parte gracias a su asociación con la realeza.
Y es que ninguna otra raza está tan ligada a la imagen de la reina Isabel II del Reino Unido. La monarca tuvo su primer corgi en la infancia y, a lo largo de su vida, convivió con más de treinta ejemplares, que se convirtieron en un símbolo inseparable de su figura. Esa exposición mediática catapultó la popularidad del Pembroke en todo el mundo y lo consolidó como uno de los pequeños perros de compañía más reconocibles, sin que haya perdido del todo su instinto y su energía de perro de trabajo.
Carácter y personalidad
Bajo su aspecto entrañable, el Welsh Corgi Pembroke esconde a un perro de pastoreo en miniatura: inteligente, despierto, valiente y lleno de iniciativa. Es alegre, sociable y muy apegado a su familia, con la que disfruta participando en todo lo que ocurre. Tiene una personalidad grande, segura de sí misma y a veces algo testaruda, fruto de su pasado como trabajador autónomo acostumbrado a tomar decisiones frente al ganado.
Es un perro notablemente vocal: ladra para avisar, para llamar la atención y, a veces, simplemente para opinar. Esa cualidad lo convierte en un buen perro de alarma, pero exige trabajar el control del ladrido desde cachorro para que no se vuelva excesivo. Conserva además un marcado instinto de pastoreo, que puede manifestarse en forma de intentos de «arrear» a niños, otros animales o incluso a las personas mordisqueando suavemente los talones. No es agresividad: es su herencia de boyero, y conviene canalizarla con educación y juego.
Con los niños suele encajar muy bien si se respetan sus límites y se le enseña a no perseguir tobillos, y con otros perros es generalmente sociable. Es un compañero adaptable, apto incluso para la vida en piso siempre que reciba el ejercicio y la estimulación mental que necesita. Lo que no admite es ser tratado como un perro decorativo: un Corgi aburrido y sin actividad puede volverse ladrador, demandante o desarrollar malos hábitos.
Galería
Características físicas
Estándar visual
Imágenes orientativas para apreciar el estándar de la raza. Para más detalle, consulta el documento oficial FCI.