Historia y origen
El Carlino es una de las razas de compañía más antiguas del mundo, con orígenes que se remontan a la antigua China, donde estos pequeños perros de cara achatada eran criados y mimados en la corte imperial. Apreciados por los emperadores y la nobleza, vivían rodeados de lujo y a veces incluso custodiados por soldados, considerados auténticos tesoros. Su lema clásico, atribuido a la raza, lo resume bien: «multum in parvo», «mucho en poco espacio».
A partir del siglo XVI, las rutas comerciales con Oriente llevaron al Carlino a Europa, donde rápidamente se convirtió en el perro favorito de la realeza y la aristocracia. Fue especialmente célebre en la Casa de Orange holandesa —se cuenta que un Carlino salvó la vida del príncipe Guillermo al avisarlo de un ataque— y en distintas cortes europeas. En Inglaterra y Francia se puso de moda en los salones, y su imagen aparece en innumerables pinturas de la época.
La raza siguió ganando popularidad como perro de compañía hasta la actualidad, en la que es uno de los pequeños perros más reconocibles y queridos del mundo. Su carácter encantador lo ha mantenido en lo alto, aunque su creciente popularidad ha puesto el foco, con razón, en la importancia de una cría responsable que priorice la salud y la funcionalidad respiratoria por encima de los rasgos faciales más extremos.
Carácter y personalidad
El Carlino es, por encima de todo, un perro de compañía: sociable, cariñoso y profundamente apegado a su familia, con la que necesita estar todo el tiempo. Su carácter es alegre, equilibrado y marcadamente payaso; es un perro divertido, expresivo y lleno de personalidad, capaz de pasar de la travesura juguetona a la siesta plácida en el regazo de su dueño. Detesta la soledad y vive para la compañía humana.
Es un perro estable, tranquilo y muy adaptable, que se siente igual de a gusto en un piso de ciudad que en una casa con jardín, siempre que esté cerca de su gente. Suele llevarse bien con todo el mundo —niños, desconocidos, otros perros y animales—, lo que lo convierte en un pésimo perro de guarda pero en un compañero familiar excepcional. Es cariñoso, paciente y poco ladrador.
Con los niños es generalmente dulce y tolerante, un buen compañero de juegos a su escala, siempre con la supervisión adecuada para evitar que lo manipulen en exceso. Su deseo de agradar y su apego lo hacen sensible al estado de ánimo de la casa. Eso sí, es conocido por su terquedad simpática y por su afición desmedida a la comida, dos rasgos que conviene tener presentes en su educación y, sobre todo, en el control de su peso.
Galería
Características físicas
Estándar visual
Imágenes orientativas para apreciar el estándar de la raza. Para más detalle, consulta el documento oficial FCI.